Lo prometido es deuda, así que esta es la segunda parte de mi viaje del domingo a Madrid

Tras hacer el examen le pregunté a una chica que si iba a coger el autobús de vuelta de Madrid y si sabía en donde se cogía. No lo sabía, pero al final nos indicaron que había que cruzar la carretera por una pasarela que había a unos metros y que casi cualquier autobús iba en dirección a Madrid, mas concretamente al intercambiador de Plaza de Castilla. Fuimos hablando de la oposición, de las academias y demás y al llegar allí nos despedimos.

Había un mercadillo y decidí dar una vuelta y tomarme algo en una cafetería. Pero al poco se puso a llover y aunque quedaba mucho para que saliese mi avión de vuelta a Madrid, como estaba muy cansada decidí ir a Barajas. Bajé al metro, compré un billete para el aeropuerto y allá me fui, a la T4.

Al llegar y como yo nunca he entendido muy bien lo que pone en los billetes de avión (y eso que en Santiago ya me habían impreso el billete de vuelta) fui a preguntar a dónde me tenía que dirigir y si, a pesar de que faltaba mucho para mi vuelo, ya podía pasar el control de seguridad. El señor me explicó que tenía que ir a la puerta M y medio riendo me dijo que ¡uff!!, me habían mandado al “satélite” del aeropuerto y que tenía que coger un “trenecito”. Como sonreía mucho al decírmelo no supe si lo decía en serio o en broma, a mi aquello del satélite y del trenecito me sonaba a cachondeo total. Pero no, tras seguir un circuito de indicadores que parecía no terminar nunca llegué a lo que parecía una parada de metro en que ante la vía había unas puertas de cristal, esperé al siguiente tren y llegué al “satélite” (nombre que me sigue pareciendo una coña a pesar de que sea cierto)

Como quedaba mucho para mi vuelo y no aparecía aún en las pantallas estuve un rato leyendo (La Pasión Turca, que es una de mis asignaturas pendientes) y tomándome un par de cafés en un Starbucks que había allí. Ya estaba en donde debía así que me podía relajar (ja, ja, ja).

Pero, de repente, miro la pantalla y junto a mi vuelo pone J, H, K. Oh!!! nooo!!!, con las prisas me dejé la chaqueta (por la que aún sigo preguntando sin mucha esperanza) y salgo despedida hacia el “trenecito”.

En fin, que a los gallegos no nos respetan nada, nos mandan siempre al fin del mundo y aún encima nos putean finamente o sin finura alguna (¡Estoy hasta.....!!!!)

Vuelta al circuito de obstáculos llenos de flechas que indican hacia abajo pero que significan siga recto (¿quién sería la eminencia?) y me encuentro con una coruñesa que, como yo, llegó mucho antes de la hora y se siente totalmente perdida (¡no me extraña!!!!). De paso que seguimos en nuestra inacabable trayectoria de flechas miramos, de vez en cuando, los paneles. Ahora ya pone J 877 pero después de un rato me dejo convencer por ella de que sí, que está segurísima, que ponía 787, y yo, que tampoco estoy segura 100% de mi memoria me fío.

Llegamos a la altura donde debiera de esta dicha puerta, pues no, a la derecha 784-786 a la izquierda 781-783 y luego ... 789-801 ¿dónde está nuestra puerta?

Voy hacia el panel, mi compañera de periplo sigue reafirmando su seguridad, pero... ¡me lo suponía!! no es 787, es 877.

Seguimos un ratito mas la flecha y ... justo cuando ya estoy entrando por el finger en el avión me acuerdo de la chaqueta. (¡Mierda!!! ¡ahora ya no hay nada que hacer!)

En fin, un desastre total de viaje. Aunque ya veis que la segunda parte es un reflejo del puteo que cualquiera puede experiementar en un aeropuerto, en que, por si fuese poco que no te dejen entrar ni con una inocente botella de agua, que te hagan casi despelotarte para ponerlo todo en la cinta del detector y que te exijan estar como mínimo una hora antes (aun sin llevar equipaje) ... ha de sumarse el que te cambien de puerta poco antes de la salida del avión (¿para escojonarse mirando por las cámaras a los sufridos pasajeros?). Para mi que lo hacen aposta.


¿A ver cuando nos ponen el Ave de una vez por todas? ¡estoy harta de que a los gallegos siempre nos mande al culo del aeropuerto y aún encima con los peores aviones!!! Porque, vamos, os aseguro que nuestro avión hacía más ruido que un seiscientos a punto de ser enviado al desguace. Y no os quiero decir nada de algunos de los trenes que circulan por nuestras vias, cuyas máquinas, cada dos por tres, empiezan a echar humo y obligan a Renfe a tener que enviar autobuses para trasladar a los pasajeros (en el mejor de los casos).

No, no es un mensaje nacionalista, de verdad. Simplemente es una realidad. ¿Por qué nos tienen tan poco respeto? ¿será porque no nos quejamos lo suficiente? No lo sé , pero lo que si sé es que no quiero ser tratada así.

¿Qué opinais? ¿a vosotros también os ponen aviones y trenes de antes de la guerra? ¿teneis tantas quejas o mas que yo? Pues nada, si quereis patalear aprovechad la excusa de mi berrinche y animaos.

Besos a tod@s y gracias por aguantar mis desvarios.